Entreacto

Preparamos la cesta de pícnic, la de mimbre con la tela de cuadros rojos y blancos. Tenía dos platos y dos vasos de cerámica, dos tenedores y dos cuchillos de acero inoxidable y hasta un sacacorchos. Cogí dos cervezas bien frías y metí dentro de la cesta un táper con tortilla de patatas y unas croquetas. Hacía sol y nos pusimos los sombreros de paja que usamos en nuestras excursiones. Extendimos la jarapa, aspiramos con…Continúa leyendo Entreacto

¿Nueva normalidad?

El otro día me encontré con mi vecina del segundo. Hacía semanas (desde que comenzamos con este particular retiro) que no nos veíamos, pero después de los días raros nos habían dejado a salir a pasear por franjas horarias.  A mí me costaba vestirme con algo distinto que no fuera el pijama, así que decidí reconectar con el mundo poniéndome un chándal un poco brillante y antiguo que había encontrado en el último cajón del…Continúa leyendo ¿Nueva normalidad?

De balcón a balcón

Nunca he tenido un pueblo y, por tanto, siempre he idealizado un poco las conversaciones de balcón o esas largas horas al atardecer cuando los vecinos sacan sus sillas a la acera para charlar de lo cotidiano o, simplemente, para estar. El otro día, a primera hora de la mañana, abrí las ventanas de la casa para ventilar y me asomé al balcón. Normalmente no lo hago porque, aunque la calle donde vivo es estrecha,…Continúa leyendo De balcón a balcón

Detrás de la palabra: Tiempo

  Hablemos un poco del tiempo, de la duración de las cosas sujetas a mudanza, porque de eso, de una especie de mudanza, es acerca de lo que vamos a reflexionar. Hablemos, pues, del pasado y del futuro en estos días raros en los que las horas se estiran y se encogen de una manera diferente y donde a veces el tiempo y el espacio se funden en una nueva sensación, para muchos desconocida, que…Continúa leyendo Detrás de la palabra: Tiempo

En los días raros

En los días raros, la vida se pone las zapatillas de lana y se desliza silenciosa, uno siente que sucede algo extraño… y empiezan a pasar muchas cosas. El silencio, por ejemplo, se despereza, abre los brazos para estirarse a gusto y, de hecho, se estira tanto que uno no está acostumbrado y necesita a toda costa oír algo. Es más fácil oír que escuchar. Escuchar el silencio de fuera y el propio silencio no…Continúa leyendo En los días raros