Fotohistorias: Segundos

  Para la gente normal, los segundos apenas cuentan. A no ser que seas un deportista que está compitiendo o trabajes en un quirófano o seas bombero, por ejemplo, los segundos se nos caen de los bolsillos sin que nos demos cuenta. Andan por ahí, confeccionando el tiempo, pero no les prestamos atención. Son como esas monedas de céntimo que incluso nos molestan en el monedero, pero que a veces hacen posible que podamos hacer…Continúa leyendo Fotohistorias: Segundos

Día fuera del tiempo

Ayer, 25 de julio, fue el día fuera del tiempo. Al menos, así lo creían los mayas. El Año Nuevo maya comienza nuestro 26 de julio (según el calendario gregoriano) y acaba al siguiente año el día 24 de julio, quedando en el aire el 25, un día que los mayas consideraban como el día fuera del tiempo, un día especial para activar lo mejor de uno mismo dedicándolo al juego, el arte, la magia…Continúa leyendo Día fuera del tiempo

Las flores y el tiempo

Nunca me han gustado los hospitales. No creo que le gusten a nadie, en realidad, salvo que algunas personas parecen manejarse en ellos con soltura, como si fueran un espacio más de la vida en el que hay que desenvolverse, como cuando uno va al mercado o al banco a pagar un impuesto. Yo, sinceramente, nunca he estado cómodo en los hospitales. Mis padres murieron los dos en casa, a mí nunca me han tenido…Continúa leyendo Las flores y el tiempo

Sueño

Cierro los ojos y sueño con una cometa. Tiene una cola llena de colores y vuela amable con el viento, con movimientos suaves, ondulantes, regocijándose en el fluir. La observo desde la playa. Estoy sentada en la arena, que apenas guarda ya el calor de la tarde, pero resulta agradable todavía a esas horas. El sol ilumina la cometa que va y viene y el agua emite destellos de estrellas. Sueño con un vaso de…Continúa leyendo Sueño

Reconversión

En mi casa éramos muy rápidos. De siempre. Mi abuela caminaba muy deprisa, con sus piernas nervudas, y mi abuelo hablaba tan rápido que se atropellaba las palabras y no había quien lo entendiera. Mi madre también heredó esa velocidad vocálica y mi padre y yo, sobre todo cuando se enfadaba, tampoco entendíamos bien lo que decía. Una de sus muletillas favoritas era: «Venga, date prisa». No decía: «Vamos, que llegamos tarde» o «siempre vamos…Continúa leyendo Reconversión