Apuesta

  —¿Te has enterado, no? —me preguntó Rubén. —Claro, es el cotilleo del grupo. Otra cosa no, pero eso… —Mujer, es que es muy fuerte. —No me parece para tanto. Además, se veía venir. —Se veía venir, se veía venir… Pues no lo tengo yo tan claro. —Blanco y en botella —dije, repeliéndome un poco a mí misma por utilizar ese tipo de frases que en los demás me daban especialmente tirria. —En menos de…Continúa leyendo Apuesta

Autocine

Era viernes por la noche y hacía más frío del que habitualmente suele ofrecer el mes junio, lo que me agradó bastante porque Beatriz (odiaba llamarla Bea) no había dejado de quejarse sutilmente como hace ella debido a que mi coche no era descapotable, lo que cual habría sido «ideal» para disfrutar de nuestra visita a un autocine. Beatriz estaba encantada. Yo estaba un poco alarmado y mustio, sin saber bien por qué. Nada de…Continúa leyendo Autocine

La carta

Desde que descubrí la carta fui incapaz de separarme de ella durante unas semanas. La llevaba en mi bolso, la guardaba en la mesilla y alguna noche, incluso, la ponía debajo de la almohada. Era una carta preciosa. Una carta de amor que descubrí una tarde de invierno en lo alto del armario del trastero. Imagino que debía llevar ahí desde que nos mudamos tres años antes, cuando nació Lucía. Estaba dentro de un maletín…Continúa leyendo La carta

Reconversión

En mi casa éramos muy rápidos. De siempre. Mi abuela caminaba muy deprisa, con sus piernas nervudas, y mi abuelo hablaba tan rápido que se atropellaba las palabras y no había quien lo entendiera. Mi madre también heredó esa velocidad vocálica y mi padre y yo, sobre todo cuando se enfadaba, tampoco entendíamos bien lo que decía. Una de sus muletillas favoritas era: «Venga, date prisa». No decía: «Vamos, que llegamos tarde» o «siempre vamos…Continúa leyendo Reconversión