Vicenta

Vicenta me había invitado a su casa para tomar un té. Nos habíamos conocido en la iglesia, en la misa de nueve. A esas horas éramos tan pocos que era imposible no verse o ignorarse. Vicenta y yo empezamos a darnos la paz y a intercambiar frases breves a la salida y una cosa llevó a la otra hasta que una mañana me invitó a su casa a tomar el té, porque ella no tomaba…Continúa leyendo Vicenta

Laberinto

Me interné en el laberinto como si fuera un juego. Estaba ahí, en mitad de esos hermosos jardines que rodean el palacio. Me pregunté cómo era posible que no lo conociera, que nadie me hubiera hablado de él, ni siquiera Darío, que es tan aficionado a ellos. Los laberintos siempre son atractivos, tienen ese lado mágico que nos lleva a tiempos remotos y olvidados; aquel estaba perfectamente cuidado. Sus paredes de seto eran mullidas y…Continúa leyendo Laberinto

La carta

Desde que descubrí la carta fui incapaz de separarme de ella durante unas semanas. La llevaba en mi bolso, la guardaba en la mesilla y alguna noche, incluso, la ponía debajo de la almohada. Era una carta preciosa. Una carta de amor que descubrí una tarde de invierno en lo alto del armario del trastero. Imagino que debía llevar ahí desde que nos mudamos tres años antes, cuando nació Lucía. Estaba dentro de un maletín…Continúa leyendo La carta

Latido

Es de madrugada y hace frío. No consigo entrar en calor a pesar de las mantas y el pequeño radiador que he encendido. La casa lleva vacía unas semanas y cuesta caldearla, pero no me importa, ahora mismo el frío es el menor de mis problemas. Me envuelvo en otra manta y me tumbo en el sofá. Estoy en la casa de campo que unos amigos me han prestado para evitar que haga cualquier tontería.…Continúa leyendo Latido

Una mujer

Era el día de nuestro aniversario. Treinta años de casados, una cifra redonda, y había que celebrarlo. Claro que sí. Por todo lo alto, una ocasión así lo merecía. Todos parecían entusiasmados, la familia, los amigos, los compañeros… Últimamente solo se oía hablar de separaciones y de divorcios y un matrimonio como el nuestro había que celebrarlo. Ni Darío ni yo parecíamos demasiado entusiasmados en hacer algo especial, una cena podía estar bien. Un restaurante…Continúa leyendo Una mujer