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Mujeres

Vicenta

Vicenta me había invitado a su casa para tomar un té. Nos habíamos conocido en la iglesia, en la misa de nueve. A esas horas éramos tan pocos que era imposible no verse o ignorarse. Vicenta y yo empezamos a darnos la paz y a intercambiar frases breves a la salida y una cosa llevó a la otra hasta que una mañana me invitó a su casa a tomar el té, porque ella no tomaba café. Me lo dijo con mucha seriedad, demasiada, como si eso fuera algo que pudiera determinar nuestra incipiente amistad. No sabíamos mucho uno del otro, salvo que los dos estábamos solos. Ella, viuda desde hacía diez años, yo, un viudo más reciente. Vicenta tenía unas manos regordetas, de esas con dedos que parecen de plastilina, pero eran suaves y nunca le sudaban, ni siquiera en… Leer más »Vicenta

Laberinto

Me interné en el laberinto como si fuera un juego. Estaba ahí, en mitad de esos hermosos jardines que rodean el palacio. Me pregunté cómo era posible que no lo conociera, que nadie me hubiera hablado de él, ni siquiera Darío, que es tan aficionado a ellos. Los laberintos siempre son atractivos, tienen ese lado mágico que nos lleva a tiempos remotos y olvidados; aquel estaba perfectamente cuidado. Sus paredes de seto eran mullidas y no permitían ver el otro lado; además, eran lo suficientemente altas para impedir que se pudiera mirar por encima de ellas. La última vez que me había adentrado en uno había sido un fiasco. El suelo estaba tan marcado de huellas que no había espacio para la imaginación, solo faltaba carteles de vez en cuando que dijeran: «Siga usted por aquí». El seto era tan… Leer más »Laberinto

La carta

Desde que descubrí la carta fui incapaz de separarme de ella durante unas semanas. La llevaba en mi bolso, la guardaba en la mesilla y alguna noche, incluso, la ponía debajo de la almohada. Era una carta preciosa. Una carta de amor que descubrí una tarde de invierno en lo alto del armario del trastero. Imagino que debía llevar ahí desde que nos mudamos tres años antes, cuando nació Lucía. Estaba dentro de un maletín que había quedado oculto por el trineo que Óscar puso ahí arriba para que molestara lo menos posible. Había nevado y aquella tarde de invierno fui a bajar el trineo porque al día siguiente teníamos pensado ir a jugar con los niños a la nieve. Me subí a una banqueta y al tocar el borde de plástico del trineo me pareció que había algo más.… Leer más »La carta

Latido

Es de madrugada y hace frío. No consigo entrar en calor a pesar de las mantas y el pequeño radiador que he encendido. La casa lleva vacía unas semanas y cuesta caldearla, pero no me importa, ahora mismo el frío es el menor de mis problemas. Me envuelvo en otra manta y me tumbo en el sofá. Estoy en la casa de campo que unos amigos me han prestado para evitar que haga cualquier tontería. Una especie de cabaña algo destartalada a la que llegué hace tres días con mi pequeña maleta. La luz de la lamparita que hay en la mesa de al lado es suficiente para leer, pero no me apetece coger el libro electrónico. Es curioso, tuve que salir de mi casa a marchas forzadas y recoger mis cosas en una hora. Ese es el plazo que… Leer más »Latido