Detrás de la palabra: Arcano

 

Empecemos por el principio. Mi idea era escribir acerca de una palabra que me encanta: «misterio». Misterio significa «cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar; negocio muy reservado; arcano o cosa secreta en cualquier religión». Que en las tres primeras acepciones del diccionario figure dos veces la palabra «arcano» me hace rendirme ante ella, dejando quizá para otro día ese «misterio» que a tantos nos atrapa. Quizá algunos de vosotros lo vinculéis con las cartas de tarot con sus 78 cartas divididas en arcanos mayores y menores que abordan el sentido oculto y esotérico de sus arquetipos…

«Arcano» procede del latín arcanum, que significa «misterio» o «secreto». Todo está entrelazado, es evidente. También con estas dos palabras: «arca» y «arcón».

Me gustan los arcones, me gustan sus misterios, sus secretos. Tengo uno en la terraza en el que guardo cosas de lo más cotidianas, nada misteriosas, lo que no quiere decir que no me deleite cerrando los ojos e imaginándome un arca llena de ropas antiguas, documentos, sorpresas del pasado para entretener el presente.

El otro día, por ejemplo, me enteré de que la hija de Antonio Esteve Arcoba, capitán de Ingenieros del Ejército Republicano, descubrió una maleta (bien podía haber sido un arca o un arcón) repleta de documentos, objetos personales y cartas que su padre había enviado durante la guerra y que habían permanecido olvidadas en un armario durante todo este tiempo. En una de las esas cartas, su padre, que se hallaba al mando de una guarnición en Villastar (Teruel), escribió a principios de 1938 unas líneas muy cautivadoras acerca de una extraña e insólita aurora boreal que se vio la noche del 25 y el 26 de enero y que tiñó el cielo de rojo, lo que indujo a muchos a creer que se trataba de un colosal ataque del enemigo o de un gran incendio.  Son unas palabras tan bien hilvanadas que no me resisto a transcribir sus palabras: «En la noche del 25, una aurora boreal iluminó de pronto nuestras posiciones, llenando a algunos de temores ante espectáculo nunca visto. Era algo grandioso ver a las doce de la noche todo el cielo rojo como un gran reflejo de un monstruoso incendio. ¿Qué cábalas y disparates se dijeron en un momento? Yo creo que hasta oficiales muy aguerridos y curtidos ante el peligro tuvieron temor. ¿De qué? No te lo podrían decir ellos mismos. Temían el arma ignorada que la superstición propia suponíamos en poder del enemigo, sin pensar que tanto el factor moral como las armas deciden las guerras. Hubo quien se colocó la careta temiendo gases, solo la reacción de quienes conocemos la naturaleza impidió lo que nunca debe suceder, creer que el enemigo se sale de lo cruel en lo humano, para convertirse en tragedia de leyenda o historia».

Me quedo un rato pensando qué cosas secretas, recónditas, metería yo en un arca. No se me ocurre más que los muchos papeles que voy acumulando donde esbozo ideas, apuntes, inicios de relatos, citas, frases… Muchas las tiro, pero otras, no sé por qué, me siguen acompañando, a pesar de que lo escrito no siempre merezca la pena.

No sé si quien las encontrara dedicaría un rato a leer alguno de esos papeles y, en tal caso, se pararía a pensar qué tipo de persona soy. Las palabras hablan de uno mismo más que cualquier otra cosa o, al menos, tanto como la decoración de tu casa o la cesta de tu compra. Yo sí estoy completamente segura de que si me encontrara con algún arcón con pertenencias de otra persona me zambulliría en él hasta tener la sensación de encontrarme, de una manera u otra, cerca de ese otro alguien.

Vuelvo a las palabras. Nunca lo he analizado, pero seguramente en mis escritos aparecen una y otra vez algunas que me acompañan en mi vida. Todos las tenemos. Las palabras pueden ir cambiando según vamos cumpliendo etapas vitales, pero hay algunas que se nos pegan casi como una segunda piel. Ahora mismo podría decir unas cuantas, pero no vamos a liar más esta entrada, que versa sobre lo arcano.

Fisgoneando por internet, me encuentro con la siguiente frase: verbum dimissum custodiat arcanum, que quiere decir, más o menos, «la palabra perdida guarda el secreto». Tengo, como imagino que todos, mis secretos, aspectos o pensamientos o emociones tan íntimos que no se pueden contar, acaso porque ni uno mismo llega a comprenderlos y, por tanto, son difíciles de definir. A veces, se trata de una vergüenza antigua, algo que ni siquiera estando solos nos atrevemos a mirar de frente.

No sé cuál podría ser la palabra perdida que guarda mi secreto. O sí, pero voy a seguir fiel al término «arcano» y la voy a guardar celosamente en lo profundo de mi alma.

 

1 comentario en “Detrás de la palabra: Arcano

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